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La Semana de Mayo de 1810

Luego de la “farsa de Bayona”, Napoleón invade Portugal y España colocando en el trono a su hermano José I como Rey de España (1808), a partir de lo cual se genera la resistencia del pueblo español a la ocupación francesa desde la Junta Central de Sevilla y posteriormente (una vez disuelta ésta) del Consejo de Regencia formado en la Isla de León. Pero ello era insuficiente, por lo que las autoridades coloniales en América comienzan a “sufrir” las presiones de los criollos independentistas.

 

Las noticias traídas por los navíos ingleses a las costas de Montevideo y Buenos Aires sobre la situación en España, hicieron ver a los criollos porteños la posibilidad de cambios. Así fue cómo, el virrey Cisneros publica el 18 de mayo aquel bando por el cual pide al pueblo de Buenos Aires calma y sujeción al Rey Fernando VII (que cómo ya dijimos estaba en Francia detenido por Napoleón).

 

A partir de esta desafortunada publicación, los criollos ven la oportunidad de convocar a Cabildo Abierto para la destitución del virrey y la conformación de un gobierno local e independiente de las autoridades coloniales, no obstante sin tocar la “figura” del Rey depuesto, lo que más adelante algunos historiadores, comprendiendo la estrategia de al menos algunos de nuestros revolucionarios llamarán a esta actitud: “la máscara de Fernando”.


 

Lunes 21 de Mayo

Así llegamos al lunes 21 de mayo, día éste en el que parte del pueblo, sobre todo milicias y grupos de jóvenes enrolados en la “Legión Infernal” y  comandados por Brench y Berutti, apoyados por los intelectuales del Café de Marcó y desde la casa de Rodríguez Peña (donde se reunían clandestinamente), pedían en la plaza la convocatoria a “Cabildo abierto”.

 

Al principio fueron desoídos, pero el aumentar la presión y marchar hacia las puertas mismas del cabildo, el síndico Leiva debió hablar con ellos y garantizar el llamado a cabildo abierto para el día siguiente, aunque sólo con la participación de la “parte principal y sana del vecindario” por lo que quedaban excluidos los “bolicheros y otras personas sin arraigo de vecindad” tal como lo había pedido Cisneros.

 

Ese mismo día se imprimieron 450 invitaciones dirigidas solamente a funcionarios, oficiales militares, obispo y curas monárquicos, alcaldes de barrio, comerciantes distinguidos y propietarios principales.
Es necesario rescatar que, de aquellos 450 invitados, sólo asistieron al cabildo abierto del 22 de mayo, 251 personas. Esto es, tal cómo lo anotarán en sus memorias algunos de los protagonistas, porque los jóvenes de la Legión Infernal, los “chisperos” de French y Berutti, se dedicaron esa tarde-noche del 21 a “aconsejar puerta por puerta” a los más “respetables vecinos españoles” a no asistir al cabildo abierto o, en el caso de hacerlo, a votar a favor de la destitución del virrey!.


 

Martes 22 de Mayo

A las 9 de la mañana comenzó la sesión en el corredor largo del piso superior del cabildo (para lo cual se pusieron algunas cortinas con el objeto de frenar el frío y la lluvia de ese día). La asamblea se extendió durante más de 15 horas entre discursos, consultas y una dilatada votación final. En el extremo norte del edificio se ubicó la mesa presidida por los capitulares y en el costado inmediato se ubicaron el obispo Lué y el escribano. Las iglesias vecinas prestaron dos filas de bancos que se ubicaron en ambos costados del salón y que a la vez hacían de vallas contenedoras.

 

El síndico Leiva leyó una proclama dirigida al vecindario de Buenos Aires por la cual aconsejaba “no tomar resoluciones hasta reunirse un congreso de las posesiones españolas en América o por lo menos de las ciudades del virreinato”.

 

Luego de esto, el obispo Benito Lué hizo uso de la palabra y, en su largo discurso a favor de la monarquía de los Borbones, y objetando la convocatoria a cabildo abierto, afirmó contundente y desatinadamente, refiriéndose a la ocupación francesa en España que “..mientras hubiese en España un solo pedazo de tierra mandado por españoles, ese pedazo de tierra (refiriéndose a Cádiz), debía mandar en las Américas.Y si no lo hubiese, América debe ser mandada por españoles residentes en ella, y si no hubiese, recién entonces por americanos.”

 

El abogado carlotista, luego valiente partidario de la independencia absoluta, Dr. Juan José Castelli toma la palabra y recuerda al obispo y a la asamblea que “de acuerdo a las leyes de Indias (sostenidas por los borbones), las Américas pertenecen al rey y no al pueblo español”. Por lo tanto “al caducar la autoridad real, sus representantes locales (es decir el virrey y demás funcionarios) caducan en sus mandatos y los pueblos americanos deben reasumir su soberanía”.

 

El fiscal de la Real Audiencia, Manuel Genaro Villota hace uso de la palabra a continuación con una hábil propuesta anteriormente preparada que, en síntesis, transcribimos:  “que si bien graves causas exigían la adopción de importantes medidas, ellas deberían ser tomadas por todos los pueblos del virreinato, debiéndose convocar a sus representantes a tal efecto a un congreso general. Por lo tanto, el cabildo abierto de Buenos Aires, no puede adoptar ninguna resolución que afecte al futuro del vierreinato”.

 

Es evidente que detrás de esta “democrática” actitud del fiscal se escondían maniobras dilatorias con el objeto de ir ordenando  a los gobernadores monárquicos de Montevideo, La Paz, Charcas y Córdoba, como así también al Virrey Abascal del Perú que debían ir preparándose para sofocar cualquier intento independentista de los pueblos bajo su yugo.

 

Advirtiendo tal situación, Castelli, quien no podía usar nuevamente la palabra, literalmente empujó a su compañero abogado el Dr. Juan José Paso al centro del recinto para expresar que “Buenos Aires no era solo la capital, sino la hermana mayor de las ciudades del virreinato, y que en presencia de los peligros que la amenazaban podía legítimamente tomar decisiones para el beneficio de todas las provincias, que nadie pretendía negarse a escuchar la voz de los pueblos del interior los que serían inmediatamente convocados e informados”. Paso afirmaba de esta manera la doctrina de la soberanía del pueblo sustentada por los iluministas franceses, sus jóvenes compañeros criollos porteños, y no pocos doctrinarios religiosos como es el caso del padre Francisco de Vitoria, aquel que decía que a rey ausente, el pueblo debe gobernar.

 

Es entonces, avanzada la noche cuando, entre varias proposiciones, la síntesis la da Cornelio Saavedra, apoyado y sostenido por las fuerzas militares, cuando propone : “que, consultada la salud del pueblo, y en atención a las actuales circunstancias debe subrogarse el mando superior que obtenía el Excelentísimo Señor Virrey en el Excelentísimo Cabildo de esta Capital, interin se forme la Corporación o la Junta que debe ejercerlo; cuya formación debe ser en el modo y forma que se estime por el Excelentísimo Cabildo, y no quede duda de que el Pueblo es el que confiere la autoridad o mando”.

 

Finalmente, luego de algunas modificaciones que no alteraron el espíritu de la propuesta, los 246 votantes que hubo en ese momento votaron de la siguiente manera:
A favor de la continuidad del virrey: 65; en contra del virrey: 156; abstenciones: 4; se retiraron del recinto sin votar: 21.


 

Miércoles 23 de Mayo

A las 2 de la tarde los regidores Ocampo y Anchorena comunicaron al virrey Cisneros que había cesado en su cargo, y que se procedería por bando a convocar a la elección de una Junta de Gobierno. Lo que nunca se les hubiese ocurrido imaginar a los criollos patriotas era la conformación de la nueva Junta que, por estrategia de los españoles estaría presidida por el mismo Baltazar Hidalgo de Cisneros!!

 


Si, el mismo que dejaba de ser virrey, ahora devenido en presidente de la nueva Junta de Gobierno con los mismos honores, el mismo sueldo y hasta el mando de las tropas ¡!!. El engendro quedaba conformado de la siguiente manera: Presidente: Cisneros; Incháurregui y Solá (españoles); Castelli y Saavedra (criollos).

 


Esa misma tarde el síndico Leiva ordena imprimir el bando y colocarlo en las paredes más importantes de la ciudad.


 

Jueves 24de Mayo

Enterado el pueblo, y sobre todo las milicias concentradas en el cuartel de las Temporalidades (caso Patricios) y los intelectuales reunidos en la jabonería de Vieytes, el café de Marcó, los bufetes de abogados prestigiosos como el caso del Dr. Mariano Moreno (quién comienza su actuación revolucionaria), o la casa de los Rodríguez Peña; exigen inmediatamente las renuncias de Saavedra y Castelli. Ubicadas en el Fuerte (ubicado al frente del Cabildo cruzando la Plaza), las nuevas autoridades intentan resistir.

 

Castelli es llamado inmediatamente a casa de Rodríguez Peña donde se le ordena renunciar a su cargo. Lo mismo hacen los Patricios con Saavedra. Medidas estas que son acatadas. Esa misma noche Cisneros era anoticiado de esas renuncias y ante su fallido intento de contar con el apoyo del pueblo y de las milicias para reprimir cualquier intento patriota, debió aceptar las renuncias a la Junta ya no solo de los criollos sino de los cuatro vocales que la conformaban. Pero él, aún no resistía a abandonar su puesto.

 

Los sectores patriotas más apasionados y los jóvenes revolucionarios se dedicaron toda esa noche, con una extraordinaria militancia, a convocar a la gente a la plaza y al cabildo para exigir una nueva Junta.


 

Viernes 25 de Mayo

El pueblo (o al menos los convocados a la plaza aquella fría y lluviosa mañana) no aceptaban las renuncias de los vocales. Querían la del virrey!!.

 

A los comentarios de “el pueblo quiere saber” el síndico Leiva respondía “y, donde está el pueblo?”. Lo cierto es que cerca del mediodía ya había un gran número de vecinos, entre curiosos de los arrabales porteños y militantes de la Legión Infernal que sí sabían  qué hacer, hicieron llegar a los capitulares que si no se conformaba una nueva Junta sin el virrey, utilizarían los medios violentos para lograrlo.
Es entonces cuando Leiva y los demás funcionarios reciben por presión la “sugerencia” de los nuevos integrantes de la Junta Provisional de Gobierno que, “a nombre de Fernando VII” debía gobernar inter se informara a las demás provincias del virreinato. En el grupo que definió los nombres de la Junta se encontraban Chiclana, Bustillo, Díaz Vélez y Vicente Dupuy (el posteriormente tenaz y valiente  gobernador de San Luis).

 

 

La Junta Provisional de Gobierno queda conformada entonces estratégicamente por:

PROCERES

PROCERES2


A las 8 de la noche los flamantes miembros del nuevo gobierno, después de haber jurado, cruzaron la plaza de la Victoria (hoy plaza de Mayo) hacia el Fuerte (donde ocuparían sus puestos de trabajo) entre la algarabía de la gente que aún esperaba pese a la lluvia, algunos refugiados en la recova principal y otros bajo los pocos paraguas ingleses que existían en la época.