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Las políticas y las prácticas inclusiva

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Joan Bonals, Orientador en Equipo de Asesoramiento Pedagógico (EAP)

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Desde hace dos décadas la propuesta inclusiva nos pone al alcance de la mano un modelo prometedor sobre el que podemos edificar el asesoramiento psicopedagógico. Pero para ello es imprescindible que se traduzca en políticas y en prácticas consecuentes.

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Cuando se desplegó como propuesta, se veía como un modelo prometedor, con capacidad para alejarnos de las intervenciones psicopedagógicas en las cuales centramos la atención en el déficit de los alumnos. Esto nos permitiría pasar de un modelo centrado en alumnos con necesidades educativas especiales a un modelo que pone el énfasis en la atención a la diversidad.

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Después de una década, la sensación que tenemos es que todavía casi todo está por hacer. Y nos preguntamos qué debemos hacer para dejar de centrar la intervención psicopedagógica en el déficit, para sistematizar nuestro trabajo en las aulas ordinarias, para ayudar a sistematizar metodologías actuales ajustadas a las necesidades del alumnado, para colaborar en la planificación, aplicación y evaluación del trabajo en las aulas, en el trabajo eficaz y con un buen clima del profesorado, y para acompañar procesos de mejora general de centros.

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Asimismo nos preguntamos por las estrategias eficaces que nos permitan racionalizar de una vez las tramitaciones de documentos que en la práctica no sirven, que nos capaciten para simplificar protocolos insignificantes, para salir del papel de diagnosticador de déficits. Nos preguntamos hasta cuando nos mantendremos fieles a un modelo que hace un flaco favor a la mejora de la capacidad de ajustar el qué, el cómo y el cuándo de los procesos de enseñanza y aprendizaje a la diversidad y en contextos ordinarios. Un modelo que reconocemos obsoleto, miope, ingrato, estresante y que perpetúa una educación anacrónica. Para ello es necesaria, ciertamente, una formación adecuada que nos capacite para intervenir en las aulas ordinarias, en asesoramiento en metodologías de trabajo, en la mejora del trabajo en equipo del profesorado y en el acompañamiento a procesos de mejora general de centros.

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En este sentido, la propuesta inclusiva nos abre unas posibilidades excelentes para ayudar, desde el asesoramiento, a las escuelas e institutos, a su mejora como instituciones educativas.

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Si somos honestos no podemos reducir la inclusión a la inclusión del alumnado con necesidades educativas especiales, porque esta reducción es perversa. Si somos coherentes no podemos dejar de lado que la inclusión, en último término, apunta a la inclusión social: a la inclusión de los excluidos del mundo del bienestar social, político y económico. Y si somos coherentes, también, este modelo inclusivo que aplaudimos de entrada, debemos desplegarlo en políticas que realmente lo hagan posible, que a la vez deben traducirse en prácticas, en proyectos de acción que se apliquen y que se apliquen bien.

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Esto significa un cambio de modelo asesor para ayudar a un cambio de modelo educativo, y apunta a un auténtico cambio de modelo social, sensible a la inclusión entendida en términos amplios de inclusión educativa, económica y social.

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Fuente: http://barcelonainclusiva2014.net/congreso/noticias/