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Revista El Cisne, Año XXIV, N° 279, Noviembre 2013

Resiliencia y autoestima

La intervención psicomotriz para el tratamiento de víctimas de bulling Por María Soledad Campanini

La víctima se siente impotente y hasta culpable de la situación. No puede responder y, en muchas ocasiones, ni siquiera hablar de ello. En esta forma de acoso, además del acosador, se encuentran involucrados otros, tales como los pares y los adultos que no saben o no pueden detectar y/o poner fin a una circunstancia tan penosa. La  práctica psicomotricista puede ayudar a revertir ese estado angustiante, trabajando diversas facetas para incrementar la autoestima y la resiliencia.

Bullying es un anglicismo con el que se designa  el proceso de intimidación en los centros de estudio (sistemático y creciente) por parte de ciertos compañeros hacia otro, con el beneplácito del grupo. La definición más extendida es la que entiende el acoso escolar como un conjunto de conductas de maltrato, normalmente intencionado y perjudicial de uno o varios alumnos sobre otro (s), generalmente más débiles en algún sentido (en número, en edad, en fuerza física o en resistencia psicológica), a los que convierten en sus víctimas habituales, los cuales no pueden  defenderse por sí mismos de manera eficaz.

El bullying suele ser solapado, los chicos no hablan del problema, las agresiones se manifiestan en lugares donde no hay adultos (recreos, comedor, baños); sin embargo, en las aulas es donde en general aparece o se gesta el problema.

Tipos de bullying

Todos los tipos de Bullying tienen un componente de maltrato psicológico importante, latente en todos y cada uno de ellos y pueden generar consecuencias importantes para la salud de la víctima. Los tipos de bullying se describen a continuación:

  • Físico: pegar, empujar, amenazar con hacerlo. Robar, esconder o romper cosas de alguien, obligar a hacer lo que no desea.
  • Verbal: poner apodos, burlarse, insultar.
  • Social: hacer el vacío, aislar a la víctima, ignorarla, difundir rumores.
  • Psicológico: acciones encaminadas a minar la autoestima de la víctima con amenazas.
  • Ciberacoso: es cuando utiliza la interactividad de la red para dañar a otros, avergonzarlos, atemorizarlos. Es el uso de internet, telefonía móvil, videojuegos, conectados online para ejercerlo.

¿Quienes participan?

Además del agresor y la víctima, debemos incluir a los demás compañeros, maestros, personal de la escuela y padres. Todos de alguna manera u otra cumplen un rol de hostigamiento.

Los niños que son intimados experimentan un sufrimiento real que puede interferir con su desarrollo psicológico, social y emocional, al igual que con su rendimiento escolar. Algunas víctimas de intimidación hasta han intentado suicidarse antes de tener que continuar tolerando tal persecución y castigo. El bullying es un problema serio: consigue hacer que los niños se sientan solos, infelices y atemorizados, que sientan que hay algo malo en ellos y que no tengan ganas de ir a la escuela, de salir a jugar.

Las víctimas son descalificadas y socialmente estigmatizadas, a tal punto que, con frecuencia, no lo denuncian a sus padres, docentes, a otros compañeros, debido a la vergüenza asociada a la sensación de culpabilidad. La vivencia de humillación/culpabilidad que impregna a los menores suele conducirlos a intentar silenciar el dato que constituye el motivo del pedido de auxilio.

Las víctimas temen denunciar el maltrato que padecen en tanto y en cuanto no solo cuentan con su experiencia de impotencia y de haber sido denigradas, sino que también temen al descrédito social; esta combinatoria introduce la vulnerabilidad como variable reguladora de cualquier tramitación psíquica cuando se trata de niños o adolescentes.

El acosado es insultado, se le ponen sobrenombres agraviantes, se burlan de él, lo amenazan, le tiran cosas, le pegan, lo aíslan. Este tipo de intimidación impacta sobre la autoestima y produce sentimientos de culpabilidad con lo cual la víctima considera que si habla, las consecuencias serán peores.

Consecuencias del bullying

Víctimas: afecta gravemente el desarrollo de la personalidad. Daño físico, psicológico y moral. Disminución de la autoestima, sentimientos de miedo, vergüenza y debilidad, bajo rendimiento académico.

Agresor: les hace creer que gozan de impunidad ante hechos inmorales y destruye sus posibilidades de integración social.

Espectadores: conviven en un clima de temor e injusticia y terminan creyendo en la “ley del más fuerte”.

Docentes: dificulta la labor educativa, genera problemas de disciplina y produce impotencia cuando no se cuenta con herramientas para enfrentar el problema.

Comunidad educativa: daña la convivencia escolar.

La psicomotricidad es una disciplina que encuentra su objeto de estudio y trabajo en el cuerpo y la relación de este con el entorno, con el mundo exterior, ya que es en las relaciones con el otro que este cuerpo se irá construyendo, incluyendo en él las particularidades de cada sujeto, las expresiones y vivencias.

La forma de trabajo del psicomotricista es con el propio cuerpo, con cualquier tipo de intercambio que este pueda producir, ya sea por medio de movimientos, palabras, expresiones, miradas, sabiendo que cada manifestación corporal intervendrá directamente en el sujeto que está frente al psicomotricista.

No se apuntará directamente al trabajo sobre las áreas afectadas, sino que se tendrán como punto de partida las habilidades, no las limitaciones, las posibilidades, para a través del tratamiento poder ayudar a que ejercite y pueda ir recuperándose, sin sentirse obligado ni inválido.  Esto marca un eje muy importante en esta práctica que es la necesidad de que el cuerpo se sienta cómodo y distendido, y esto es logrado a través de las técnicas que se utilizan como estrategias de intervención: el juego corporal, la relajación terapéutica y las actividades grafo plásticas. Estas técnicas tienen por finalidad que el paciente pueda expresarse.

El tratamiento puede realizarse con el implemento de instrumentos o no, según sea necesario.

El fin de la psicomotricidad apunta a que el sujeto pueda apropiarse de su cuerpo, permitiendo relacionarse y aprender.

En los casos de pacientes víctimas de bullying, la intervención psicomotriz tiene por objetivos principales:

  • Fortalecer y aumentar la autoestima propiciando una imagen corporal positiva e integrada.
  • Aumentar el registro del esquema corporal.
  • Favorecer el factor resiliente y el desarrollo de las habilidades sociales.
  • Estimular la creatividad y la imaginación.
  • Abrir canales para la comunicación y expresión de las emociones.

Factores que propician el aumento y fortalecimiento de la autoestima:

  • Informar ante lo nuevo que va a ocurrir. Muchos sucesos aparentemente temibles pueden convertirse en aventuras que el niño afrontará con otra carga afectiva si conoce lo posible a suceder.
  • Potenciar el aprendizaje en distintas situaciones, auspiciando el crecimiento en responsabilidad y autonomía, practicando nuevas habilidades.
  • Brindar el tiempo necesario para que el niño pruebe lo nuevo, se ubique ante él, lo comprenda, busque nuevas posibilidades, acrecentando el nivel de expectativas, descubriendo sus potencialidades y limitaciones.
  • Capitalizar el aprendizaje a partir del error: el hecho de intentar lleva a gustar una nueva posibilidad con mayor probabilidad de éxito, dentro de un marco segurizante y de contención donde no será juzgado, y sin la presión de hacer las cosas bien.

Por otra parte, es relevante el fortalecimiento del factor resiliencia, definiendo este concepto como:

La capacidad o habilidad del individuo que habiendo sido expuesto a adversidades físicas, psicológicas y/o sociales, puede enfrentarlas, superarlas y acceder a una vida significativa y productiva.

La potencialidad del yo de construir es directamente proporcional a su aptitud para preservar la plasticidad del sentimiento por sobre el resentimiento. Frente a la destrucción, la resiliencia opera de modo que activa la potencialidad para construir. Sin embargo, cuando un conflicto genera un trauma, el yo queda arrasado y sus funciones debilitadas.

Cuando opera la capacidad de resiliencia, el yo sustenta la identidad en el ecosistema social, logra la unidad identificando los recursos internos y externos. Resistir la adversidad y construir a partir de los elementos resultantes es apelar a la capacidad resiliente con los recursos internos disponibles.

La resiliencia se entreteje, porque anuda el proceso íntimo con el proceso social, y tiene que ver con un adentro y un afuera a la vez. Entendida como un proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad. A través de la intervención psicomotriz, el sentimiento de sí bajo la mirada de los demás puede ser reorganizado por medio de juegos, representaciones o cuentos.

Desarrollo de las habilidades sociales para la vida comunitaria:

Además de habilidades para el intercambio y la comunicación social, los procesos de socialización nos proporcionan representaciones culturalmente compartidas. También nos permiten predecir, controlar e interpretar la realidad, de manera acorde a las personas que nos rodean.

Se consideran habilidades sociales al conjunto de recursos internos que le permiten al sujeto establecer y mantener relaciones sociales armónicas y creativas dentro de su entorno, favoreciendo el desarrollo de sus capacidades personales y la necesaria adaptación al medio.

Desde la práctica psicomotriz, las habilidades sociales se desarrollan a través de juegos de roles.

La estimulación de la creatividad y la imaginación a partir del juego:

Dice Winnicott: “El juego es una experiencia siempre creadora y es una experiencia en el continuo espacio-tiempo, una forma básica de vida”.

La creatividad forma parte de la experiencia vital de una persona, es decir que cada uno, en el origen, es creativo, en el sentido del despliegue de lo más personal, de lo que es incuestionablemente uno mismo, lo más propio y oculto de cada persona. Es decir que vivir creativamente implicaría conservar ese núcleo  intacto y no someterse a lo establecido por los demás. Y sin embargo, para jugar, para poder comunicarnos y compartir con los demás, es preciso resignar una cuota de esa individualidad. Entonces lo creativo y lo lúdico están estrechamente ligados entre sí y enmarcados en esa tensión entre lo propio y lo ajeno, entre lo que he creado y lo que me fue dado, entre el sentimiento más real y el sentimiento más fútil que surge de los deseos ajenos.

En el marco terapéutico, el jugar es esencial porque en el jugar el paciente es creativo: “un tratamiento debe ofrecer oportunidades para la experiencia y para los impulsos creadores, motores y sensoriales, que constituyen la materia del juego. Y sobre la base de este se construye toda la existencia experiencial del hombre.”

En relación con el jugar, el psicomotricista tiene la función de restituir, legalizar, dar permiso al juego corporal en todas sus modalidades, previendo la utilidad de su inclusión y participación corporal.

El juego corporal implica la presencia del cuerpo y sus manifestaciones, como son los movimientos, los gestos, la mirada, el contacto, etc. También implica esencialmente, tomar y poner al cuerpo como objeto y motor del jugar.

Dice Sara Paín: “El cuerpo se ensaya, se equivoca, se corrige, aprende.”

El juego corporal habilita a la vehiculización del movimiento corporal para el encuentro con los objetos, con los otros y consigo mismo.

Implicándose en el juego del paciente, el psicomotricista observa qué juega, cómo juega y fundamentalmente, el contenido de ese juego.

Desde el juego, se puede comprender su forma de vincularse, sus conductas estereotipadas, sus temores y placeres, sus posibilidades o dificultades para acceder a un espacio simbólico, a reconocerse o desconocerse en una acción concreta, se observa también sus posibilidades de utilización del espacio y los objetos, su adecuación al tiempo, los niveles de coordinación motriz-instrumental, la posibilidad que tiene el individuo de accionar con su cuerpo en función de sus necesidades e intereses y las demandas que el medio le impone.

 

*María Soledad Campanini es psicoanalista y acompañante terapéutico.